Para esta ocasión, se ha decidido rescatar la fórmula tradicional de combinar plataformas y acción que tan buenos resultados ha dado en el pasado, una línea clásica dentro de los videojuegos que ha dado jugosos réditos a este personaje. El título, de hecho, hace un buen trabajo a la hora de encontrar un equilibrio entre ambos aspectos jugables, aunque no porque haya un sistema de mitad y mitad, sino porque consigue alcanzar una buena agilidad en su desarrollo a la hora de dar cierta relevancia a la acción frente a un desarrollo relativamente lineal y simple, pero que sirve para acompañar y presentar ante el jugador sus planteamientos.
El juego, de hecho, puede considerarse bastante sencillo, quizás demasiado, en su estructura, lo que a la larga le puede pasar factura entre el público más veterano y aficionado, que a buen seguro hubiese disfrutado más con retos de mayor envergadura. Por otro lado, a la hora de captar nuevo público, es innegable que su sencillez en la plasmación del concepto hace que sea un juego recomendable para público más jovencito, y eso es también importante, sobre todo de cara a la campaña navideña.
Por ejemplo, las secuencias de plataformas son muy sencillas, y no nos van a poner en apuros reales en ningún momento, aunque sí hay secuencias algo más enrevesadas a la hora de exigir un buen dominio. Con todo, la tónica general es la de la facilidad, en ocasiones algo exagerada. Esto se compensa con las hordas de enemigos, que van a ser, finalmente, la salsa del título, con motivos en los que realmente las secuencias de ataque son extensas. Claro, la cantidad de enemigos no garantiza tampoco que haya una dificultad elevada, pero sí al menos le impregna de cierto ritmo y agilidad, lo que es de agradecer. Además, el sistema de combate nos invita a interactuar con los objetos del escenario, y buscar unos orbes, con los que accederemos a diversas opciones de mejora del personaje, como nuevos movimientos.


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